¿Alguna vez has sentido que alguien te está diciendo algo sin decirlo realmente? ¿Que la frustración o el enojo de una persona se manifiesta de forma indirecta, a través de indirectas, silencios o «bromas» hirientes? Es probable que estés frente a la comunicación pasivo-agresiva.

Este estilo de comunicación es una mezcla compleja. Por un lado, evade la confrontación directa (lo «pasivo»), pero por el otro, expresa hostilidad o desacuerdo de manera encubierta (lo «agresivo»). No es un estilo efectivo porque evita la resolución genuina de conflictos y genera un ambiente de tensión y resentimiento, dañando las relaciones más allá de lo que imaginamos.

Aquí te presento algunos ejemplos comunes de cómo se manifiesta la comunicación pasivo-agresiva en nuestras relaciones más cercanas:


En la Pareja:

  • El silencio castigador: Después de una discusión, uno de los miembros deja de hablarle al otro por horas o días, sin explicar qué le molesta. Cuando le preguntan, responde con un «nada» o «estoy bien», mientras su comportamiento demuestra lo contrario (suspira, evita el contacto visual, golpea objetos).
  • «Bromas» con doble intención: Uno de los dos hace comentarios sarcásticos sobre los hábitos o la apariencia del otro frente a amigos o familiares, disfrazándolos de humor. Si la pareja se molesta, la respuesta suele ser: «¡Pero si solo bromeaba! Eres muy sensible».
  • «Olvidar» intencionalmente: Uno de los miembros de la pareja «olvida» repetidamente hacer tareas o cumplir acuerdos importantes (como pagar una cuenta o recoger algo), generando frustración en el otro, pero sin asumir la responsabilidad de su resistencia.

En la Familia:

  • El mártir silencioso: Un miembro de la familia se queja constantemente de todo lo que hace por los demás, pero nunca pide ayuda directamente. Al final, se siente explotado y hace sentir a los demás culpables, sin haber expresado nunca su necesidad de apoyo.
  • Comparaciones encubiertas: Un padre o madre felicita a un hijo por algo, pero inmediatamente añade un «Ojalá tu hermano fuera igual de ordenado» o «Por qué no puedes ser más como tu prima». Es una crítica disfrazada de elogio a otro.
  • «Ya sé que nadie me hace caso»: Un adolescente, en lugar de expresar su frustración por no ser escuchado, opta por el victimismo, haciendo sentir culpables a sus padres sin comunicar claramente lo que necesita o le molesta.

En las Amistades:

  • El «sí» que es un «no»: Un amigo acepta planes a los que no quiere ir y luego, a última hora, cancela con una excusa poco creíble, o simplemente se muestra desganado y distante durante el encuentro.
  • El apoyo con un pinchazo: Una amiga te felicita por un logro y, acto seguido, añade: «¡Qué bien! Yo pensé que no lo lograrías, considerando lo que te cuesta». Es un «cumplido» que minimiza tu esfuerzo.
  • La crítica indirecta en redes sociales: En lugar de hablar directamente, un amigo publica indirectas o memes en redes sociales que claramente aluden a un problema contigo, buscando que tú «entiendas el mensaje» sin tener que confrontarte.

¿Te sientes identificado o has sido víctima de este tipo de comunicación?

La comunicación pasivo-agresiva es dañina porque no permite que los problemas se resuelvan de raíz, desgasta la confianza y crea un ambiente de hostilidad. Si te reconoces en alguna de estas situaciones, ya sea como emisor o como receptor, es una excelente oportunidad para explorar nuevas formas de interactuar.

La buena noticia es que existe una alternativa efectiva y saludable: la comunicación asertiva. Aprender a expresar tus necesidades, opiniones y límites de forma clara, honesta y respetuosa es la clave para construir relaciones genuinas y satisfactorias.

Si quieres transformar tus relaciones y aprender a comunicarte de manera más efectiva, te invitamos a explorar más sobre la asertividad y cómo la psicoterapia puede ser tu aliada en este camino.

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