Vivimos en una sociedad que a menudo nos enseña a «controlar» nuestras emociones. Se nos dice que llorar es de débiles, que enojarse es de inmaduros, o que la tristeza debe superarse rápidamente. Sin embargo, hay una gran diferencia entre controlar las emociones y regularlas, una diferencia que impacta profundamente en nuestra salud mental y en nuestras relaciones.

El control emocional nace del miedo. Es un acto de represión, un esfuerzo por no sentir, a menudo aprendido en entornos donde la expresión emocional era castigada o ignorada. Quien controla sus emociones las encapsula, lo que a largo plazo puede llevar a explosiones de ira o a problemas de salud física y mental. En cambio, la regulación emocional es un acto de sabiduría. Es la habilidad de sentir plenamente una emoción, entenderla y modular su intensidad para responder de manera adecuada a la situación, sin negarla ni reprimirla. .

Aquí te presentamos 5 situaciones comunes en las que se suele confundir el control con la regulación emocional:

1. En una discusión de pareja

  • Control emocional: Una de las personas se calla, se traga su enojo y no expresa su molestia por no «empeorar la situación». Su cuerpo se tensa, su mente repite una y otra vez la ofensa, y el resentimiento se acumula. Eventualmente, esta emoción reprimida puede explotar por un motivo insignificante.
  • Regulación emocional: La persona siente el enojo, lo reconoce y, en lugar de callarse, dice: «Me siento frustrado por lo que acabas de decir. Necesito tomarme un momento para pensar y poder hablar de esto sin gritar». Siente la emoción, pero elige la mejor manera de reaccionar.

2. Después de recibir una mala noticia

  • Control emocional: La persona se dice a sí misma: «No debo llorar. Tengo que ser fuerte». Se esfuerza por parecer inmutable frente a los demás, minimizando su dolor y reprimiendo la tristeza. Por dentro, se siente abrumada, pero no se permite mostrarlo.
  • Regulación emocional: La persona se permite sentir la tristeza y la frustración. Se retira a un lugar privado para llorar si lo necesita, habla con un amigo de confianza sobre cómo se siente, o simplemente se da permiso para vivir el duelo sin juzgarse.

3. Cuando un niño llora

  • Control emocional (en la crianza): Un padre o madre dice: «Ya no llores. No es para tanto». Este mensaje enseña al niño que expresar tristeza es algo malo o vergonzoso, llevándolo a reprimir sus emociones en el futuro.
  • Regulación emocional (en la crianza): El padre o madre dice: «Veo que estás triste. Llorar está bien, dime qué pasó y te acompaño». Con esto, valida la emoción del niño, enseñándole a identificarla y a expresarla de forma segura.

4. En el ámbito laboral

  • Control emocional: Un empleado es criticado por su jefe y, aunque por dentro está furioso, sonríe y asiente, sin dar ninguna señal de su enojo. En lugar de procesar la crítica de forma constructiva, se queja con sus compañeros y su resentimiento afecta su rendimiento.
  • Regulación emocional: El empleado siente la frustración, respira profundo y, en un momento oportuno, se acerca a su jefe y le pregunta: «¿Podríamos hablar sobre la retroalimentación que me diste? Me gustaría entender mejor qué puedo mejorar». Se enfoca en la solución, no en el enojo.

5. Cuando algo te da miedo

  • Control emocional: Sientes miedo ante un nuevo reto (como un examen o una entrevista de trabajo), pero lo ignoras, intentando «ser valiente». La ansiedad te invade, pero te obligas a seguir adelante, lo que termina por bloquearte.
  • Regulación emocional: La persona reconoce el miedo y dice: «Tengo miedo, y es normal sentirlo. Sin embargo, estoy preparado/a para esto». Actúa a pesar del miedo, validando su emoción sin dejar que la paralice.

¿Te sientes atrapado en el control emocional?

Si te has identificado con el lado del control en estos ejemplos, es importante que sepas que no es tu culpa. La mayoría de estas conductas se aprenden en la infancia. Sin embargo, la buena noticia es que la regulación emocional se puede aprender. Es un proceso que nos ayuda a vivir una vida más auténtica y a construir relaciones más íntimas y profundas.

Si sientes que la represión emocional está afectando tu bienestar o tus relaciones, recuerda que no tienes que enfrentar este desafío solo. Buscar apoyo profesional es un acto de amor propio y fortaleza. Estamos aquí para ayudarte a desarrollar las herramientas para gestionar tus emociones de manera saludable y constructiva.

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