En la actualidad, es común escuchar hablar del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Sin embargo, muchas conductas que los padres ven en sus hijos, como la distracción o la inquietud, no siempre son señales de este padecimiento. Identificar la diferencia es crucial para evitar diagnósticos incorrectos y para ofrecer el apoyo adecuado.

A continuación, te presentamos algunas conductas que, con frecuencia, se confunden con TDAH, pero que pueden ser resultado de otros factores:


1. Desinterés o aburrimiento

Un niño puede parecer distraído o desatento en clase si el tema no le interesa, si ya lo domina o si siente que no es un desafío. A diferencia de un niño con TDAH, que tiene problemas para mantener la atención en casi cualquier actividad que requiera un esfuerzo mental sostenido (incluso en aquellas que le gustan), el niño que se aburre puede concentrarse perfectamente cuando el tema es de su interés o le parece novedoso.

2. Ansiedad

Los niños con ansiedad a menudo parecen inquietos, se mueven constantemente o tienen dificultad para concentrarse. No obstante, su nerviosismo proviene de una preocupación interna, no de una falta de capacidad para prestar atención. Es posible que estén pensando en algo que les preocupa en lugar de estar realmente distraídos, y pueden presentar síntomas físicos como dolores de estómago o de cabeza.

3. Falta de sueño

La falta de un descanso adecuado afecta la concentración, la memoria y el control de los impulsos. Un niño que no duerme lo suficiente puede mostrarse irritable, hiperactivo o distraído, síntomas que imitan el TDAH. La solución en este caso es establecer una rutina de sueño constante y asegurarse de que duerman las horas que necesitan.

4. Cambios importantes en su vida

Mudanzas, cambios de escuela, el nacimiento de un nuevo hermano o conflictos familiares, pueden generar estrés y desestabilizar a los niños. Estas situaciones suelen causar cambios en su comportamiento, como dificultad para concentrarse, irritabilidad o retraimiento, y pueden confundirse con TDAH, cuando en realidad se trata de una reacción normal a un evento estresante.

5. Estilo de crianza

La falta de estructura, rutinas inconsistentes o una disciplina poco clara, pueden hacer que un niño se muestre desorganizado, con problemas para seguir instrucciones y con dificultades para autorregular su comportamiento. En estos casos, la solución no es un diagnóstico clínico, sino establecer límites claros y brindarles una guía constante.


¿Qué hacer si tienes dudas?

Es fácil caer en la tentación de buscar respuestas en internet y autodiagnosticar a nuestros hijos. Sin embargo, el TDAH es un trastorno neurológico complejo que solo puede ser diagnosticado por un especialista en salud mental o en neurodesarrollo que, a través de una evaluación completa, puede distinguir entre el TDAH y otros factores que causan conductas similares.

Si te sientes confundido o preocupado por el comportamiento de tu hijo, la mejor decisión que puedes tomar es buscar orientación profesional. Un especialista, como los de SIP Consultorio te brindará la tranquilidad de un diagnóstico certero y te ayudará a encontrar las estrategias adecuadas para apoyarlo de la mejor manera.

Posted in

Deja un comentario